Inactividad Física y Sedentarismo Infantil

La inactividad física engloba a aquellas personas que no cumplen el mínimo de AF que marca la OMS (2010), el cual se sitúa en 150’/sem para adultos y en 300’/sem para niños, mientras que el sedentarismo puede englobar tanto a aquellas que cumplen el mínimo o no, con la especial característica de que son personas sedentes (Pedrero-Chamizo et al., 2012). Ese tipo de comportamientos son los principales precursores de ciertas enfermedades como la diabetes tipo II, la obesidad, ciertos tipos de cáncer y el síndrome metabólico, entre otras cosas (Bangsbo et al. 2016; Fraser et al. 2016). Este hecho no afecta solamente a personas adultas, sino que en la población infantil también supone un grave problema.

Actualmente los niños en su tiempo de ocio han sustituido los juegos tradicionales por videojuegos, es decir, han pasado de desarrollar por ellos mismos las habilidades motrices básicas a desarrollarlas a través de la pantalla de la televisión o del ordenador. Se ha podido constatar que aproximadamente un tercio de los niños estadounidenses dedican más de 3 horas al día a ver la televisión, además de otras 3 horas de media, también al día, a los videojuegos (United States Department of Health and Human Services, 2012). Ese aspecto junto con el cambio de alimentación (mayor consumo de comida rápida y ultra procesados) y la gran cantidad de medios de transporte disponibles, han incrementado el sedentarismo tanto de la población pediátrica como de la población adulta. Así, el Canadian Health Measures Survey (Rachel, M., et al. 2012) puso de manifiesto que sólo el 7% de la población comprendida entre 6 y 19 años cumplía, al menos, la recomendación mínima diaria propuesta por la OMS (Colley et al., 2011). Por consiguiente, se puede decir que la sociedad de hoy en día se ha transformado en “urbanita” (Hernández, Ferrando, Quílez, Aragonés y Terreros, 2010).

Una cifra alarmante que nos proporciona la OMS a nivel mundial, a fecha del 2016, es que en los niños menores de cinco años hay una cantidad cercana a los 42 millones que presentan sobrepeso, principalmente localizados en los países de ingresos bajos y medios. En el caso de España, se muestra una tendencia de aumento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en población infantil (OMS, 2016). En relación a la obesidad, la prevalencia en la población española es del 21,6% y, en cuanto a la tasa de sobrepeso, es del 39,3%. Cabe decir que se muestran tasas más elevadas en población femenina que en masculina (Aranceta-Bartrina, Pérez-Rodrigo, Alberdi- Aresti, Ramos-Carrera, y Lázaro-Masedo, 2016). El principal problema que encontramos frente a esos datos es que los niños que padecen sobrepeso u obesidad, tienden a seguir padeciéndolo en la edad adulta (OMS, 2016). Quizá esta problemática venga arraigada principalmente a los progenitores, puesto que la población infantil no tiene el poder de decisión y ejecución de un adulto. Hoy en día, nos encontramos gran cantidad de situaciones diarias que hacen sedentaria la vida del niño, es decir, no se les anima a permanecer activos sino más bien todo lo contrario (Poitras et al., 2016). Frente a todo esto, los médicos siguen intentando crear una “polipíldora” (Faigenbaum, A., et al. 2015), la cual sea capaz de mejorar la calidad de vida, mejorar la autoestima, aumentar la fuerza y potencia muscular, incrementar la velocidad de desplazamiento, disminuir el riesgo de lesión, etc.

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